Las Elecciones de 2020 Desenmascaran la Naturaleza Antidemocrática y Nacionalista/Racista del Sistema Electoral de EE. UU.

Acerca de las elecciones de 2020, primero debemos plantear que esta elección representa la expresión acumulativa de una crisis estructural multifacética y multidimensional del sistema capitalista que comenzó hace más de cuatro décadas. No tenía casi nada que ver con la democracia, sino que era una contienda de masas entre la impotencia política y la psicosis colectiva. Obligados a elegir entre un charlatán fascista de reality shows o un decrépito demente, 155 millones de personas votaron durante el apogeo de una pandemia mundial. Por quién votaron no representaba una expresión viable y saludable de la vida democrática. De todas formas, ambos candidatos representan el cadáver en descomposición del agudo declive imperial, la violencia colonial, la decadencia neoliberal, el colapso ambiental y el capitalismo vigilante.

Lo que está claro ahora es que los estados certificarán este espectáculo de payasos en el circo electoral, el Colegio Electoral emitirá sus votos y la presunta toma de posesión de Joseph Biden tendrá lugar el 20 de enero. Lo que también está claro es que ambos partidos políticos representan intereses que están diametralmente en contradicción con los intereses de la mayoría de la clase trabajadora, específicamente, la clase trabajadora mexicana/latinoamericana, y otras personas oprimidas y colonizadas tanto dentro de las fronteras políticas de los Estados Unidos como alrededor del mundo.

Ofrecemos este corto análisis sobre el resultado inmediato de las elecciones del 3 de noviembre para aclarar la naturaleza de nuestra lucha por la democracia participativa, la autodeterminación y la lucha por la liberación. Unión del Barrio está comprometida en construir un futuro desligado de la dictadura capitalista bipartidista que hoy somete a nuestro pueblo al peor tipo de humillación, opresión y explotación. Así como también renovamos el urgente compromiso de organizar a nuestro pueblo para que no dependa de este circo electoral de dos partidos que está en declive, y de luchar por avanzar nuestros intereses de clase como pueblos originarios de estas tierras.

No Hay Nada de Democrático en Esta Llamada Democracia Representativa

La naturaleza de las elecciones estadounidenses representa la expresión más sofisticada de la corrupción organizada y legalizada. La elección de 2020 es la elección más cara en la historia del mundo. De hecho, esta elección es más cara que las dos elecciones más caras anteriores (2016 y 2012) juntas. Las elecciones federales no solo alcanzaron un nivel exorbitante de donaciones corporativas que amasaron más de 14 mil millones de dólares, sino que las donaciones de los Comités de Acción Súper-política (PAC) en sólo un mes (octubre) totalizaron más de 1,2 mil millones. La gran mayoría de las donaciones del PAC provino de la rica oligarquía empresarial capitalista la cual determina la viabilidad de los candidatos que compiten por los escaños del Congreso (Cámara y Senado) y la Presidencia. Cuando consideramos el momento histórico actual, con desempleo masivo, falta de vivienda, una crisis pandémica con más de 10 millones de infecciones y un cuarto de millón de muertes, y un sistema médico colapsado; esta repugnante escala de gastos ilustra cuán corrupto es este sistema al representar los intereses de la clase capitalista.

Con todo esto como telón de fondo, el aspecto más antidemocrático de esta farsa política son los 270 votos del colegio electoral los cuales son los que realmente determinan quién será el siguiente presidente del imperio estadounidense, sin tomar en consideración el voto popular. Este mecanismo de minoría sobre mayoría fue diseñado para proteger el poder político de los propietarios de esclavos. A pesar de una diferencia de 5-6 millones de votos a favor de Biden, Trump busca socavar cualquier vestigio restante de legitimidad dentro del sistema electoral de los EE. UU. interviniendo en el proceso del colegio electoral claramente antidemocrático, alegando que solo perdió en el colegio electoral debido a fraudes masivos, y argumenta que solo perdió el voto popular porque los votos de California realmente no cuentan.

En un futuro cercano, Unión del Barrio publicará su propia evaluación crítica de la participación de la raza en la política electoral. Por ahora, sin entrar en un extenso panorama del llamado voto “latino”, creemos importante destacar que la derrota electoral de Trump (tanto en el colegio electoral como en el voto popular) se debió en gran parte al pueblo latinoamericano, y en particular al sector del pueblo latinoamericano que son ciudadanos estadounidenses de ascendencia mexicana. Hubo un aumento masivo en la participación de votantes en las comunidades mexicanas-latinoamericanas, y una abrumadora mayoría votó más en contra de Donald Trump que en apoyo de Joseph Biden. A pesar de este hecho, los oportunistas y otras fuerzas deshonestas dan forma a narrativas que pintan a nuestras comunidades como si hubiéramos sido rebasados por trumpistas morenos. Nada más lejos de la verdad, y como dijimos en 2016, “la lucha política central de nuestro pueblo no es contar los votos de uno u otro candidato, sino defendernos dentro de esta crisis generalizada del imperio neoliberal y, entender, organizarse y resistir activamente la amenaza que el imperialismo estadounidense y el capitalismo global representan para la supervivencia de nuestra especie en este planeta”.

A pesar de las payasadas antidemocráticas de Trump, los partidos demócrata y republicano están unidos como un solo partido imperialista en relación con la asfixia económica de Cuba y la Venezuela bolivariana; los golpes e intentos de golpe en Bolivia, Haití, Honduras y Nicaragua; el apoyo incondicional a la ocupación israelí de Palestina; la continua política de hostilidad contra los trabajadores mexicano/latinoamericano en los EE. UU. y las ofensivas en curso contra los negros y otras pueblos colonizados; y el apoyo de las grandes corporaciones dándoles billones de dólares. En 2017 escribimos: “fue el Partido Demócrata, la presidencia de Obama y el establishment del Partido Republicano los que allanaron el camino para el ascenso de Donald Trump. Un día antes de las elecciones de 2016, la arrogancia del Partido Demócrata no percibía ningún peligro del creciente proto-fascismo que se había apoderado de “la base” del Partido Republicano. Bajo Obama, los republicanos crearon un universo político alternativo diseñado para unir su base en torno a un populismo de derecha fanático, a prueba de hechos. Los fanáticos del Tea Party, el fanatismo religioso, el nacionalismo blanco, los medios de comunicación de derecha (programas de radio, Fox News, medios en línea), el apartheid electoral (a través del gerrymandering o manipulación politica) y el corporativismo en expansión no fueron cuestionados en la práctica, ni ideológicamente, desde dentro de los dos partidos dominantes. ”

¿Qué se puede esperar del Partido Demócrata controlado por las empresas, que no sea un esfuerzo público para acercarse al trumpismo? Ya podemos ver un ridículo intento de recuperar el apoyo de una militante de derecha nacionalista blanca, que se quedará sin su querido líder cuando Trump regrese a vivir a tiempo completo en su resort dorado en la Florida. Los demócratas de Biden, incluidos Pelosi y Schumer, ya han culpado a su propia izquierda por el abyecto fracaso de la llamada “ola azul”, mientras que Sanders y Warren probablemente quedarán excluidos de cualquier puesto dentro de la administración de Biden. Estas profundas divisiones dentro del Partido Demócrata han revelado el aislamiento y el callejón político sin salida que enfrentan figuras públicas como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib. No puede ser más obvio que el Partido Demócrata no es nuestro amigo, y mantiene solo una apariencia de ser “diverso e inclusivo” mientras traiciona a los pobres, los trabajadores, las personas LGBTQ + y las masas de personas colonizadas (las llamadas “personas de color”) cada vez que tienen la oportunidad.

¡Unión del Barrio Debe Mirar hacia Afuera para Construir una Democracia Participativa!

Si nuestra lucha por la autodeterminación tiene éxito, Unión del Barrio debe buscar y expandir su estrategia de desarrollar su capacidad de autodefensa a nivel comunitario, construir nuestras instituciones para el poder dual y competitivo y apoyar las luchas antiimperialistas de Nuestra América. Fue en 2017 que el Congreso de nuestra organización pidió a sus miembros que emplearan la creatividad de sus bases para construir estrategia y hacer crecer la capacidad de la organización y en esto, hasta cierto punto, se ha tenido éxito.

Pero debemos ser nuestros propios críticos por las serias limitaciones que han obstaculizado nuestra capacidad de capturar la imaginación de nuestro pueblo en la construcción de la Democracia Participativa. Una democracia que requiere que todos los sectores de nuestro pueblo contribuyan a ejercer el poder sobre nuestra propia tierra, nuestro trabajo y nuestros recursos. Las luchas políticas e ideológicas que libramos deben desafiar la aceptación normalizada de que el capitalismo es permanente, una lucha limitada a las elecciones y un futuro ligado al sistema bipartidista.

¡La nuestra es una lucha de clases por los trabajadores en el poder! Debemos buscar y unirnos a las luchas más valientes de nuestros pueblos indígenas / nativos para construir nuestra lucha por la tierra y la soberanía. Debemos basarnos en nuestra historia de lucha con nuestros camaradas africanos, asiáticos y árabes para profundizar nuestra unidad de principios para luchar contra el imperialismo estadounidense tanto dentro como fuera de las fronteras políticas del imperio. Debemos mirar al sur de la frontera impuesta por el imperialismo y unir nuestra causa con el futuro de una unidad continental y socialista. Tenemos que luchar para poner fin a los criminales y genocidas Bloqueos Económicos, Comerciales y Financieros contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esto tiene que llevarse a cabo, en especial ahora, en que los tiempos son agravados por una pandemia mortal.