La Desvergonzada Deshonestidad del Narco-Imperialismo Estadounidense: Una Cronologia de la Mortandad Neoliberal

El engaño, la guerra, la criminalidad y el terrorismo han sido utilizados como instrumentos del imperio por cientos de años. El imperialismo estadounidense no ha sido una excepción, fomentando el caos político y la muerte en todo el mundo, especialmente en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la naturaleza descaradamente ahistórica del fascismo trumpista hace que sea demasiado fácil olvidar los orígenes de la actual guerra contra las drogas que devasta a México. Unión del Barrio ofrece el siguiente resumen de la evolución de la “Guerra contra las Drogas” y su convergencia con la “Guerra contra el Terror”, que nos ayudará a superar la bufonería racista de “quién pagará por el muro”.

1960s:

En un contexto global, la liberación nacional y la revolución política fueron las tendencias dominantes en todo el “Tercer Mundo”, los movimientos radicales se desarrollaron incluso dentro de las fronteras de los Estados Unidos. Fue durante este período que la CIA y el FBI establecieron COINTELPRO, un programa federal diseñado para neutralizar organizaciones políticas como el Movimiento Indígena Americano (AIM), las Panteras Negras y la Cruzada por la Justicia. Utilizando informantes, provocadores y represión violenta directa, los movimientos de “poder” negro y chicanos fueron aplastados para defender el statu quo dentro de los Estados Unidos.

1970s:

Habiendo reprimido el fervor revolucionario que definió la década de los sesentas, COINTELPRO fue redirigido para incluir actividades gubernamentales clandestinas para ayudar a inundar barrios negros y latinos con drogas duras para pacificar las actividades sociales y políticas domésticas. Simultáneamente, el gobierno de Estados Unidos declaró una “guerra contra las drogas” pública e inició una campaña de violencia policial y encarcelamiento masivo contra barrios negros y latinos, mientras que el uso indebido de drogas y la delincuencia relacionada con las drogas se propagó rápidamente.

1980s:

La CIA dirigió los beneficios de las ventas de drogas para entrenar y armar dictaduras militares de derechas, escuadrones de la muerte y guerras contrainsurgentes en toda América Latina. Las organizaciones criminales del narcotráfico de la era COINTELPRO recibieron ayuda militar y entrenamiento de los Estados Unidos y posteriormente fueron identificadas en los principales medios de comunicación como “combatientes por la libertad”. La política estadounidense se enfocó en promover guerras civiles donde ya no existían dictaduras latinoamericana que apoyar. Donde no había dictadura y la guerra civil no era viable, las políticas estadounidenses respaldaron a los gobiernos títeres que acordaron hacer la vista gorda a lo que las agencias estadounidenses y las organizaciones criminales aliadas (también conocidas como “luchadores por la libertad”) estaban haciendo en toda América Latina. Cientos de miles de personas fueron torturadas y asesinadas en Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Panamá y Paraguay. Las consecuencias de estas políticas fueron especialmente devastadoras para Centroamérica.

1990s:

las dictaduras latinoamericanas retrocedieron y sus escuadrones de la muerte de la droga fueron legitimados a través de una región que entonces se había “pacificado” en gran parte para preparar la rápida expansión de la doctrina neoliberal estadounidense (el “Consenso de Washington”). El gobierno mexicano con Carlos Salinas de Gortari ofreció la rendición incondicional de México al “Consenso de Washington” cuando firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Hubo un problema: México aún no había sido “pacificado”, y había múltiples movimientos de resistencia armada operando en todo el país que amenazaban la consolidación del neoliberalismo mexicano. Las drogas ilegales fueron identificadas como una posible solución al problema de la “pacificación” política en México. En otras palabras, las políticas neoliberales oficiales coincidieron con la fusión del poder estatal mexicano y el poder de los cárteles mexicanos de la droga durante los años noventa. El gobierno mexicano, con el apoyo tácito del gobierno estadounidense y de las agencias de inteligencia, institucionalizó el poder político y económico de los principales cárteles de la droga, desviando así el control primario del mercado estadounidense de drogas ilegales de Colombia y traspasando esta posición dominante a los cárteles mexicanos, Incluyendo un joven conocido como el “Chapo” Guzmán. Dentro de los EE.UU., las actividades encubiertas dirigidas por la CIA y el FBI que habían ayudado a limitar el movimiento de drogas duras para permanecer dentro de barrios negros y latinoamericanos fueron retiradas y el mercado estadounidense de drogas ilegales se expandió a todos los Estados Unidos. Esto fue un pretexto para que el gobierno estadounidense iniciara la militarización de la frontera México-Estados Unidos y el gobierno mexicano comenzó a militarizar la frontera México-Centroamérica.

2000s:

La drogadicción se consolidó en los Estados Unidos y México como el lado “ilegal” del TLCAN: en los Estados Unidos, la adicción a las drogas aumentó dramáticamente, las cárceles, recién privatizadas, fueron llenadas más allá de sus capacidades (principalmente con gente negra y latinoamericana). Los barrios fueron pacificados en gran parte, y las ganancias de la droga se dispararon. Dentro de México, las crecientes ganancias de la venta de drogas sobrepasaron las ganancias de las exportaciones mexicanas de petróleo, el turismo y las remesas. El gobierno mexicano permitió que los cárteles de la droga, que se hacian cada vez más poderosos (que hasta ese momento se habían limitado en gran medida al estado de Sinaloa), operaran libremente en las áreas de México más activas políticamente: Los estados de Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, etc. La violencia relacionada con las drogas comenzó a extenderse por todo México. Con el Plan Mérida, el gobierno mexicano apoyó la expansión de las operaciones militares y de inteligencia de los Estados Unidos en todo el territorio nacional bajo el disfraz de la “Guerra contra las Drogas”. El gobierno estadounidense amplió la militarización de la frontera entre México y Estados Unidos. México hizo lo suyo con la frontera centroamericana. Además, a raíz de los ataques terroristas del 11-S, el gobierno de Estados Unidos y los principales medios de comunicación combinaron la nueva “Guerra contra el Terror” con la antigua “Guerra contra las Drogas”, unificando así estratégicamente lo que hasta ese momento habían sido distintas políticas de poder imperialista desplegadas Contra Oriente Medio, por un lado, y América Latina, por otro.

2010s:

México se convirtió en un campo de matanza masiva. El gobierno mexicano, con apoyo financiero y militar directo del gobierno de Estados Unidos y de agencias de inteligencia, intensificó la “Guerra contra las Drogas” que hasta ahora ha causado la muerte de al menos 200.000 personas en México. Un tsunami de crimen y violencia ha cubierto a México y Centroamérica. La parte “ilegal” del TLC ha alcanzado su apogeo:

  • La economía de las drogas mantiene el flujo de cientos de miles de millones de dólares de un lado a otro de la frontera entre Estados Unidos y México, que incluye las ganacias directas de la venta de drogas en México y Estados Unidos; Ayuda militar y armas de Estados Unidos a México y Centroamérica; Y las ganacias del lavado de dinero en los EE.UU., México y América Central.
  • Millones de toneladas de drogas ilegales siguen inundando el mercado estadounidense, también el abuso de las drogas se ha extendido para cubrir la mayor parte de México y Centroamérica. Incluso los pueblitos más pequeños de las partes más aisladas de México se convierten en escenas de violencia propias de una pesadilla: drogadictos sin hogar vagando por las calles, guerras de pueblo, asesinatos y desapariciones en masa, decapitaciones, extorsiones, violaciones, secuestros, etc.
  • La clase política mexicana totalmente corrupta es incapaz de hacer algo en favor de su propio país, con la excepción de reprimir cualquier movimiento político que pueda amenazar su dominio continuo.
2016 – 2017:

Donald Trump moviliza el odio anti-mexicano como el tema central de su campaña presidencial, y él gana. En lo que puede ser una de las más grandes de todas las ironías, Trump ahora amenaza con sacar a Estados Unidos del TLCAN porque, según él, ha beneficiado principalmente a México en detrimento de Estados Unidos. Trump exige que se construya una enorme muralla para evitar que los mexicanos peligrosos traigan drogas, crimen y violación a los Estados Unidos. Como si esto no fuera suficiente, el 27 de abril de este año, el senador Ted Cruz, el más cobarde de los perros falderos del Trumpismo, hizo una propuesta de que si el gobierno mexicano se niega a pagar por el muro, el gobierno estadounidense tiene derecho a confiscar el dinero de El Chapo ahora que está encarcelado en Nueva York.

Ésta es la deshonestidad desvergonzada del “narco-imperialismo” estadounidense – socava y destruye todo lo que podría representar una amenaza para el poder neoliberal estadounidense en América Latina (especialmente cualquier forma de movimiento de liberación nacional izquierdista), hace dinero con la destrucción y el caos que deja en su caminar, y cuando las terribles consecuencias de estas políticas se extienden más allá del objetivo inicialmente previsto, los oportunistas políticos estadounidenses inmediatamente culpan y exigen el castigo de cualquier pobre gente negra o latinoamericana que esté cerca, y así comienzan de nuevo el ciclo desde el principio. Éstos fueron los métodos aplicados por el “narco-imperialismo” estadounidense en toda América Latina, pero la estrategia se replicó en todo Oriente Medio, excepto que en lugar de tráficar con drogas, el imperialismo estadounidense en el Medio Oriente lleva décadas traficando con el fundamentalismo religioso.