Gabriel García Márquez, La Solidaridad Con Nuestros Sueños

MarquezEn su discurso de aceptación del Premio Nobel en Estocolmo, muy lejos de América y de su Aracataca, Gabo nos diría que: “La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”.

Lejos de ser un intelectual que escribió garabatos sobre ciudades letradas que miran con desden al campesinado en América Latina, nuestro compañero Gabriel García Márquez escribió en lengua de pueblo, nos escribió a nosotros, los que nos reconocemos pobres sin miedo al menosprecio que les suscita nuestra pobreza a los oligarcas y los que aparenten serlo. Pero al develar la poesía descomunal que aflora en el entorno y la humanidad de los más pobres de América, Gabo articuló también, el origen de nuestro despojo. Nos dio vida sobre papel para que el mundo escuchara a la aldea de donde todos venimos, Macondo, y pusiera en evidencia lo concreto de nuestra violencia, ya que lejos de vivir envueltos en magia (o realismo mágico), somos seres empecinados en seguir viviendo a pesar de la embestida de muerte que fomenta el continuo proyecto colonial sobre nuestras tierras y nuestros cuerpos:

“Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.

Seria fácil separar su vida de su profesión como cualquier otro escritor mercantilizado lo hace, pero nos queda claro que él no tuvo la cobardía de hacerlo.  El verdadero intelectual no se separa de su gente, sabe muy bien que es imposible separar la política del cuerpo, separar los sueños de la realidad, dejar de sentirse profundamente humano. Sabemos que Gabo fue nuestro amigo fiel porque le fue fiel en vida al hombre más preocupado por los pueblos más saqueados del mundo: al compañero Fidel. Su humanismo inquebrantable no puede ser mas claro que la sonrisa de niño que alumbró su rostro hasta los 87.

Será eterna la presencia de Gabo entre nosotros, los que rechazamos fingir que somos algo más que habitantes de unos pueblos esparcidos por el continente Americano en busca del remedio para aminorar el dolor de tanta violencia en nuestro entorno y en nuestra historia.

No alcanzó a decirnos todo, pero precisamente, ese es el misterio más dichoso de vivir. De otra manera, ya no tendríamos mas por contarnos, ni por luchar.

Gabriel García Márquez Siempre Presente. Compañero de los Pueblos de Nuestra América.

Unión del Barrio